¿Cómo hacer un masaje en la espalda?


Los dolores de espalda son una de las afecciones más habituales que experimentan las personas. Problemas posturales en el trabajo, esfuerzos excesivos, estrés, rutina… Estos excesos en nuestro día a día se van acumulando hasta que derivan en dolores agudos en todas las zonas de la espalda. Los masajes ayudan muchísimo a relajar las zonas de la espalda que se cargan o que sufren alguna lesión. Sin embargo, no cualquier masaje o acción sobre un músculo afectado es beneficioso. Se deben tener algunas nociones para evitar que el famoso dicho «Es peor el remedio que la enfermedad» siga siendo eso, un dicho, y no nuestra realidad.

Por eso, desde Escuela Masternatura queremos explicarte algunas técnicas que te servirán a la perfección para dar buenos masajes de espalda sin que estos sean contraproducentes. Y te servirán para aliviar el dolor a quien se lo des. Por supuesto, esperando el tuyo a cambio.

Recomendaciones para dar un masaje en la espalda

Tan importante es cómo des el masaje, que donde lo das, y qué usas. Para empezar, un buen masaje necesita de un contexto relajado y tranquilo. Necesitaremos un espacio algo íntimo en el que podernos relajar, con poco ruido, limpia y que huela agradable. Además, necesitaremos lo siguiente:

Mesa de masaje, esterilla o colchoneta

Aunque no siempre se puede disponer de ello, una cama cuyo colchón sea rígido o incluso un sofá. Aunque la mejor alternativa sería una mesa que pueda soportar el peso de una persona, con un esterilla o superficie rígida algo acolchada para mayor comodidad.

Sábana, toallas y almohada

Por higiene y comodidad, debes usar sábana y toalla. Además, la almohada también es importante, por comodidad sobre todo. Si puedes usar una almohada específica para masaje en la que se pueda encajar la cabeza, mucho mejor.

Aceite o crema

Si son aromatizados, mejor todavía. El aceite te permitirá trabajar sobre la piel y los músculos de manera fluida y continua. Sin que el rozamiento pueda hacer daño, se puede realizar un masaje perfecto y muy gratificante.

Por otro lado, también debemos tener en cuenta que cada persona tiene mayor o menor sensibilidad, resistencia muscular y demás. Es importante tantear poco a poco las posibilidades físicas de la persona que está recibiendo el masaje. Y por supuesto, preguntarle si tiene alguna zona sensible o propensa a lesiones. La presión que ejercemos a la hora de masajear también es importante. Por ejemplo, la zona media y baja de la espalda aguanta mucho mejor la presión manual que la parte alta y más cercana al cuello y cabeza. Por lo tanto, debemos aplicar menor presión conforme vamos subiendo.

Un aspecto muy curioso e importante, es el hecho de que recomendamos no perder el contacto con la persona que recibe el mensaje en ningún momento. La desconexión sensorial al retirar las manos es relevante. Ya que los masaje requieren de una continuidad y concentración, sobre todo en el que lo está recibiendo. Por lo tanto, recomendamos no dejar de tocar la espalda en ningún momento hasta que terminemos.

Cuando termines, también viene fenomenal pasar una toalla por la espalda para retirar el aceite e ir volviendo a la normalidad. Recordad que al dar un masaje, la persona que lo recibe se relaja muchísimo, y necesita un pequeño periodo de activación. Por supuesto, no dejes que la persona se levante rápido porque puede marearse.

¿Cómo hacer un masaje en la espalda paso a paso?

  1. Échate el aceite o crema en la palma de tu mano. Frótalo con las dos manos y calienta un poco tus palmas. 
  2. Echa aceite en la espalda de la persona con tus manos y muévelas con tranquilidad y suavidad por toda la espalda. Usa toda la superficie de la palma de tu mano sin aplicar presión todavía. Comienza a ir aplicando mayor presión de manera gradual, hasta que lleves unos 5 minutos.
  3. Aplica la técnica de amasamiento. Se realizado empleando movimientos circulares cortos, pero de presión intensa. Puedes usar tanto las palmas de las manos como los dedos y nudillos, aunque recomendamos los dedos. Durante unos 5 o 10 minutos, debes ir desde la cintura hasta los hombros haciendo estos movimientos, masajeando toda la espalda. 
  4. Aplica la técnica del abanico. Sitúate frente a la cabeza de la persona y con tus pulgares, uno a cada lado de la columna y a la altura del cuello, realiza un movimiento ‘en abanico’ desde el centro hasta los lados de manera suave. Y combina este movimiento con otros bajando rectos hacia la parte baja de la espalda, cerca de la columna pero sin llegar a tocarla.
  5. Para ir terminando, podemos dar una serie de golpecitos o movimientos de percusión. De esta manera estimulamos el músculo y vamos reactivando poco a poco a la persona, ya que damos golpes certeros, no fuertes, que rompen el estado de relajación máximo poco a poco.